martes, 8 de mayo de 2012

Receta de placer durante el fin del mundo

Un poco de -agua dulce- para todos y todas. Un pequeño relato. Ojalá disfruten! :D Nota. Estoy hablando de la vida en general, no de una situación específica.


Si fuese el fin del mundo mañana, definitivamente me rehusaría morir sin decirle estas palabras. Sin hacerle ver lo que llevo dentro y lo que no, sin decirle que le amo con cada parte de mi cuerpo y con cada gota que le queda a mi alma. Porque en la complejidad de sus ojos he logrado percibir el asombro de lo simple, y lo difícil de llenar de sangre cada palabra.
Sangre.
Porque en la dialéctica de una confrontación, logro entender que no imagino un mañana sin botas, plátano maduro, y los sesos en las manos. Que en la vida, tan llena de luz perpetua, logré encontrar un portal oscuro y frió para envolverme, uno donde nadie me va más que el.
Del pasado unos sobros, del presente una construcción flotante, del futuro una cama sin vergüenza, satisfecha y amada.
Carbón como fuente prima, caricias y palabras correctas avivan la seducción de ir mas allá.
Llevo carga pesada, pero no necesito mas equipaje que un mapa con la ubicación del sendero mas peligroso.
Quiero lo peligroso, lo sucio, lo incomprensible. Lo quiero todo con el. Y eso no es coincidencia.
Nuestro abrazo, lejos de ser protector llega a producir una sensación de desinhibición; una intimidad que solo la entienden los que han perdido la razón por un beso.
De huesos y orégano.
De canela y sudor.
De piel y agua.
La mejor receta para sobrevivir es el. Porque si el mundo se fuese a acabar mañana, podría morir de dolor y placer, de saber que el siente lo que yo siento.


Lau. Mayo 2012.

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